No
hay problemas sin solución
Si todo lo anterior falla, lo más
extremo para controlar este tipo de conducta es la
cirugía. Vega explica que es una medida muy
radical que él no practica pero que en Estados
Unidos es común. Las opciones que se ofrecen
a través de la cirugía son retirar la
uña de forma completa o seccionar el ligamento
del dedo. Debido a que estas cirugías no le
permiten al gato defenderse, cazar, ni treparse, es
imprescindible para su supervivencia que el dueño
le garantice al gato, la comida y un lugar dentro
de su casa para dormir y recrearse, aclara el doctor.
Otro método de los gatos para
marcar el territorio consiste en orinar. Generalmente
el olor de los gatos machos es más fuerte que
el de las hembras o gatos castrados. Ellos como tienen
el olfato 400 veces más sensible que el nuestro,
indica Vega, saben distinguir con precisión
si por ahí pasó un gato joven o viejo,
entero o castrado, hembra o macho.
Dado que esta actitud de marcar el
territorio se intensifica cuando el gato empieza su
desarrollo sexual, la cura usual es la castración.
Tras su experiencia, Vega afirma que esta medida ha
solventado el 95 por ciento de los casos. No obstante,
antes de tomar una decisión de este tipo, se
deben agotar otras posibilidades. Es decir, una razón
común por la cual los gatos presentan problemas
de micción y defecación radica en la
falta de higiene de su espacio, en la ubicación
de las cajas de arena en sitios inaccesibles para
el gato o incluso por enfermedades como la cistitis.
En ese sentido, Vega recomienda en cualquiera de los
casos, llevar el gato con un veterinario para examinarlo
e identificar si hay problemas asociados a esa conducta.
Luego
de superar desórdenes en la micción
y defecación, además del comportamiento
de arañar, el juego en algunos casos constituye
otro problema. Sobre esta materia, el doctor Vega
sugiere varias reglas. La primera es no propiciar
juegos violentos y la segunda, es socializar al gato.
La importancia de socializar al animal, explica el
especialista, está en que “durante las
primeras doce semanas el juego es vital para los gatos,
ya que están formando su personalidad. Al jugar
con otros gatos, aprenden a interrelacionarse y al
jugar con el padre o la madre, aprenden las destrezas
básicas de cacería y a modelar el comportamiento
de los machos a la hora de una disputa o pelea por
territorio”.