_Diagnóstico Veterinario __

Cuando las palabras sobran

Una manera universal de lograr la comunicación necesaria para que las personas entiendan a su mascota, se basa en el lenguaje corporal. Según Vega, los propietarios aprenden a leer los movimientos de su mascota hasta tal punto, que muchos dicen aquella famosa frase de que a ellos no les hace falta hablar. En tal sentido, el dominio de este tipo de idioma, evidentemente proporciona claves para enfrentar diversos problemas.

En los gatos la posición de las orejas, los bigotes, la apertura de los ojos y dilatación de la pupila pueden indicar atención, agresividad, timidez y relajamiento. En algunos casos la postura ofensiva es difícil de diferenciar de la postura de reposo, aunque para los dueños del animal, los estados de ánimo de su gato con el tiempo cada vez son más evidentes.

Con los sonidos pasa algo similar a lo que expresan las posturas, explica Vega, pues sirven para complementar la comunicación. Algunos investigadores clasifican el repertorio sonoro del gato en ocho tipos básicos de vocalización. De ellos, Vega ha estudiado en particular uno, el ronroneo. “Recientemente investigue una teoría que explica las causas de este sonido que hasta ahora se mantiene como un enigma en la ciencia. Pero a pesar de que todavía no está claro el mecanismo fisiológico que lo propicia, se sabe por observación que los gatos usualmente ronronean cuando se sienten cómodos y confortables, aunque en algunas ocasiones lo han hecho cuando están nerviosos o estresados”.

Según Vega el ronroneo para el dueño es como una silla vibratoria que transmite una sensación de relajación, a diferencia del bufido, el cual se reconoce a través de un soplido que emite con la boca abierta y que muestra claramente una señal de agresión. Al escuchar el bufido, el doctor recomienda guardar una distancia prudencial con el animal.

Uno de los sonidos más frecuentes en estas mascotas son los maullidos. Vega describe la existencia de diversos tipos de maullidos, dados sus variados tonos y usos. En ese sentido, se ha visto al gato maullar para pedir algo, también para expresar su alegría o incluso su indiferencia.


 

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