Aunque esa ventana inmunológica que se mencionó en los perros, no está tan estudiada en los gatos, se ha determinado que la respuesta más efectiva de las vacunas en los mininos, se produce si se aplican dos veces con un mes de diferencia.
“Se recomienda aplicar 2 dosis de la vacuna cuádruple con una separación de 1 mes, es decir una primera dosis en su octava semana de vida y una segunda en su doceava semana, suficientes para proteger al gato por un año”, afirma Crespin, agregando que la primera vacuna antirrábica debería colocarse en el cuarto mes de vida de los gatos.
Según explica Crespin, el sistema inmunológico del gato es un poco distinto al del perro, mientras que el proceso de desparasitación, sí se desarrolla contra las mismas causas y parásitos.
Un parásito muy popular en el gato es el toxoplasma, el cual aunque afecta a todos los mamíferos, sólo es capaz de reproducirse en los felinos. Este parásito protozoario, comenta el doctor, requiere de un procedimiento especial pues las vacunas y desparasitaciones rutinarias no lo eliminan, también para su diagnóstico se requieren pruebas sanguíneas específicas.
“Cuando el animal está infectado elimina los huevos de toxoplasma en las heces, mientras que en el perro o humano no pasa eso, sino que se produce adentro y se enquista y el peligro en las mujeres embarazadas está en que ese parásito es capaz de activarse y atacar al feto en formación, produciendo problemas que van desde aborto hasta niños con problemas mentales”.
Si una mujer está embarazada y vive con un gato, lo ideal es determinar si el gato tiene toxoplasma, de dar positiva la prueba, se le administra un tratamiento contra el parásito antes que entre en la fase peligrosa. “Se han visto casos en los cuales las señoras tienen toxoplasma y el gato de su casa no” dice Crespin y esto se debe a que investigaciones efectuadas señalan que la principal vía de infestación no son los gatos, sino la carne mal cocida, principalmente la de cochino.