MACHO O HEMBRA

 

A menos que tenga usted la intención de dedicarse más adelante a la crianza de gatos y prefiera uno de los sexos, el sexo de gatito que compre no tiene importancia. Sin duda habrá usted oído decir a muchos propietarios de gatos que sus machos son más cariñosos que sus hembras o viceversa, o que los gatos de un determinado sexo son mas inteligentes que los del otro, o afirmaciones similares. Si anotara usted todas estas afirmaciones probablemente hallaría que el número de las que favorecen un sexo es prácticamente igual al de las que favorecen al otro.

Los gatos se muestran acusadamente discretos por lo que se refiere a poner de manifiesto su sexo y a menudo resulta difícil, tratándose de un cachorro, determinar a cuál pertenecen. Levantemos a éste cogiéndolo por la cola y de forma que las patas traseras pierdan contacto con el suelo. Con ello se consigue una clara visión del orificio anal y área circundante. Debajo de dicho orificio se encuentra otro, es el de la uretra, a través del cual el pequeño gato orina. A diferencia de los cachorros de perro, en los que los machos presentan una especie de funda alrededor de la abertura de la uretra, los cachorros de gato sólo cuentan con una simple papila y una abertura. El punto importante a tener en cuenta en la determinación del sexo es la distancia que media entre el orificio anal y la uretra. En los machos los testículos eventualmente se destacarán del cuerpo ( a los seis meses aproximadamente) alojados dentro de una bolsa o escroto que ocupará el espacio existente entre las aberturas. En las hembras este espacio permanece libre. Por esta razón, el espacio entre el orificio anal y la uretra es mayor en los cachorros macho que en los hembra, una diferencia que se apreciará mejor procediendo a examinar varios pequeños gatos de ambos sexos. Con un poco de práctica la distinción resulta clara; si el espacio es ancho se trata de un macho y si es pequeño corresponde a una hembra. Sin embargo, conviene tener presente que incluso los criadores cometen muchas veces errores al proceder a la determinación del sexo, especialmente si se trata de ejemplares muy jóvenes, por lo que debemos sentirnos mal si lo que en principio creíamos que era una hembra acaba resultando un macho. Esto es algo que ocurre muchas veces con los gatos.

Como propietario responsable de su gato tendría usted que “neutralizarlo” (castrarlo). Esto pondrá fin a los instintos sexuales de su gato, y a las costumbres con ellos asociadas. Una hembra tiene que sufrir una leve intervención quirúrgica, y un macho ha de ser castrado. La hembra castrada dejará de tener ciclos de celo y de maullar en busca de un macho, y los gatos del vecindario cesarán de acudir a su puerta rociándola y tratando de aparearse con su hembra. También de este modo evitará usted que la gata desarrolle quistes en los ovarios si no se la deja tener crías. Su macho castrado dejará de intentar escapar de casa en cualquier oportunidad y no se enzarzará en peleas cuando se encuentre con otros machos. Ambos sexos se sentirán más satisfechos quedándose en casa, y parece ser cierto que los gatos castrados son más afectuosos con la gente. Si se regula la dieta de un castrado, y si recibe suficiente ejercicio y oportunidades para jugar, no hay razón para que engorde. Si nota que su gato engorda, redúzcale su ración. Simplemente recuerde que tiene que proporcionarle una dieta equilibrada. La calidad de la dieta sigue siendo la misma, solo se le reduce la cantidad.

Su veterinario le aconsejará acerca de la edad adecuada para castrar a su gato. Normalmente tendrá que llevar su gato para la intervención temprano por la mañana. Generalmente un macho puede volver a su casa esa misma tarde, pero como el proceso quirúrgico que ha de sufrir una hembra es más complejo, lo normal es que pase la noche en el hospital y que sólo pueda volver a su casa al día siguiente. Esto puede variar, dependiendo del gato y del veterinario. Su veterinario le indicará qué cuidados postoperatorios necesita su gato.

Si el coste constituye un factor a tomar en consideración, entonces elijamos un macho ya que el desembolso que va a suponer la operación de neutralización es probablemente igual a un tercio del de ovariectomizar una hembra Si nuestra idea es la de dejar que el gato vague libremente, entonces adquiramos un macho ya que por lo menos no regresará a casa con una preñez. Muchas personas opinan que las hembras son más afectuosas que los machos pero esto no es cierto a partir del momento en que estos últimos han sido neutralizados. De hecho, un pequeño gato bien adaptado a su entorno se convertirá en un animal afectuoso, independientemente de cuál sea su sexo.


“El gato Siamés”.
Reagan Ron,
Editorial Hispano Europea, 1998,
Segunda Edición.
“Conoce y Cuida Tu Gato”,
Walls Jerry G.,
Editorial Hispano Europea, 1994.

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