...Rocky ¿Cómo haces tú cuando tu humano te dice ¡Sienta!, ¡No! ¡Ven aquí!, Porque lo que soy yo, empiezo a hacer todo lo que sé y siempre me equivoco !!, Entonces me castiga, me pega con rollitos de periódico y además pretende que haga pipí sobre ese mismo papel que me da pánico. YO NO ENTIENDO NADA, necesito saber que es lo que quiere mi humano ¿cómo hiciste tú?...

Esta es una conversación improbable entre un cachorro confundido por los numerosos experimentos educativos de su dueño, y una mascota adiestrada de forma coherente y sensata mediante una metodología cuya eficacia ya ha sido demostrada por casi un siglo de investigación en modificación de conducta, esta metodología fue casualmente descubierta, y luego desarrollada con la ayuda de un perro famosísimo: el perro de Pavlov.

El señor Pavlov comenzó a presentarle a su perro la comida junto con el sonido de una campana, muy pronto el perro comenzó a salivar al escuchar la campana, indicando que era capaz de anticipar la hora de la comida, posteriormente otros científicos como Skinner desarrollaron esta observación en un principio que se conoce hoy en día con el nombre de Condicionamiento Instrumental. Este principio permite utilizar a favor del entrenador el repertorio de conductas naturales – de humanos y animales – “premiando” las conductas deseadas (refuerzo positivo), o reteniendo el premio (refuerzo negativo) cuando no se ejecuta la conducta deseada. No es casual, que en la actualidad este principio forme parte de los programas de entrenamiento más sofisticados: desde los simuladores de vuelo para los pilotos de la NASA, pasando por técnicas de comunicación para gerentes o maestros, hasta el entrenamiento de los populares delfines y ballenas a quienes vemos ejecutar piruetas impensables en los parques acuáticos.

El secreto de la efectividad de este principio está en evitar al aprendiz - humano o animal- la experiencia del castigo, ya que esta trae consigo el establecimiento de conductas determinadas por el miedo al dolor; por el contrario, este método da como resultado una mascota que trabaja y obedece de manera impecable porque asocia su “trabajo” con el afecto, la atención y el placer.

El Clícker Trainning es una técnica de entrenamiento animal que utiliza el chasquido de un aparatico, parecido a un control remoto, para indicar a la mascota que su conducta es la que deseamos. El proceso se inicia “cargando el clicker”, es decir, ofreciendo suficientes oportunidades para que su mascota asocie el chasquido del clícker con una experiencia placentera: para un perro, nada más placentero que el olor y sabor de la salchicha; después de un cierto número de repeticiones el clícker queda cargado y su sonido provocará en su perro la expectativa de una salchicha. El siguiente paso es indicar con el clícker a su perro que se ha aproximado a la conducta deseada mediante sesiones de juegos y actividades programadas, que ofrezcan la oportunidad de premiarlo mucho, unas veces con caricias, o con juguetes y también (¡por supuesto¡) con salchichas. Eventualmente su perro ejecutará cada orden de forma precisa y obedecerá por el simple placer de jugar con usted y hacerlo feliz.

El “Clícker Trainning” debe iniciarse temprano, idealmente cuando el cachorro tiene tres meses, porque en este período el cachorro está en la fase donde todas sus experiencias, positivas o negativas, se instalan mas o menos de forma definitiva, de este modo el nuevo dueño tiene la oportunidad de aprender su papel de dueño y las conductas necesarias para comunicarse de forma clara con su mascota.

Recuerde que humanos y perros no hablamos el mismo idioma y debemos aprender un lenguaje común, pero el aprendizaje de un idioma es un asunto delicado que no se deja nunca en manos de personas no entrenadas, lo mismo ocurre con el adiestramiento de su mejor amigo. No se llame a engaño, este método puede parecer muy simple, y en cierta forma lo es, sin embargo debe ser aplicado por un profesional entrenado para evitar distorsiones que solo generarán desconcierto y decepción.

El perro amigo de Rocky tiene una enorme necesidad de complacer a su “humano” y hace lo que “perrunamente” puede para lograrlo: ¿Hará el dueño su parte?

 

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